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Manuel Gómez Morin y los orígenes humanistas del Partido Acción Nacional



Por Andrei Rodríguez 24/03/2023


Manuel Gómez Morin nació el 27 de febrero de 1897 en el poblado de Batopilas, Chihuahua. Su padre, Manuel Gómez Castillo, era oriundo de España, se caso con Concepción Morin del Avellano y dieron por nacimiento a su hijo Manuel en la fecha ya mencionada. Raúl González Schmal nos proporciona información sobre su vida académica, personas que influyeron en su vida e ideas y sus motivaciones para basarse en el humanismo como futura doctrina del PAN:


En 1913, cuando Manuel tiene 16 años, cambia de residencia a la Ciudad de México, y en 1914 se matricula en la Escuela Nacional Preparatoria, dirigida entonces por José Vasconcelos, fundador del Ateneo de la Juventud. La primera clase en la Preparatoria –Lógica– la recibió del maestro Antonio Caso, quien impartía también el curso de Historia de la Filosofía, y, en la Escuela de Altos Estudios, el de Estética. “Aquel año de 1914 –dice Javier Garciadiego– al joven provinciano, le tocó ser testigo de los embates que sufrían los intelectuales católicos a manos de los positivistas y librepensadores”. En 1915, Gómez Morin ingresa a la Escuela Nacional de Jurisprudencia, pero toma clase también de filosofía y literatura en la Escuela de Altos Estudios. Esa ilustre generación de 1915, que lleva la impronta de la vorágine revolucionaria, tendrá como protagonistas a los llamados Siete Sabios: Manuel Gómez Morin, Vicente Lombardo Toledano, Alfonso Caso, Antonio Castro Leal, Alberto Vázquez del Mercado, Teófilo Olea y Leyva y Jesús Moreno Baca. (González Schmal, Raúl, “La obra jurídico-institucional de Manuel Gómez Morin”, México, Instituto de Investigaciones Jurídicas, Ilustre y Nacional Colegio de Abogados de México, 2013, pp. 677).


Manuel Gómez Morin es un destacado ilustre del siglo XX en México, fue instruido por importantes filósofos como José Vasconcelos o Antonio Caso, intelectuales de la época, también formo parte de la generación de los Siete Sabios compuesto por los pensadores ya mencionados en la cita anterior. Fue en 1915 cuando elaboro su ensayo con base a la situación que vivía México durante la Revolución en el cual hace énfasis en el aislamiento que vivía el país y le hizo pensar lo siguiente:


Y con optimista estupor –dice Gómez Morin– nos dimos cuenta de insospechadas verdades. Existía México. México como país con capacidades, con aspiración, con vida, con problemas propios. No sólo era esto una fortuita acumulación humana venida de fuera a explotar ciertas riquezas o a mirar ciertas curiosidades para volverse luego. No era nada más una transitoria o permanente radicación geográfica del cuerpo estando el espíritu domiciliado en el exterior. Y los indios y los mestizos y los criollos, realidades vivas, hombres con todos los atributos humanos. El indio, no mero material de guerra y de trabajo, ni el criollo producto de desecho social de otros países, ni el mestizo fruto ocasional, con filiación inconfesable, de uniones morganáticas entre extranjeros superiores y nativos sin alma. Y concluye Gómez Morin con una expresión de su sorprendente descubrimiento: ¡Existían México y los mexicanos! (González Schmal, Raúl, “La obra jurídico-institucional de Manuel Gómez Morin”, México, Instituto de Investigaciones Jurídicas, Ilustre y Nacional Colegio de Abogados de México, 2013, pp. 678).


Años mas tarde, Gómez Morin ocupo cargos importantes de gobierno, fue funcionario de Hacienda durante la gestión de Alberto Pani quien fue secretario de Hacienda durante el mandato presidencial de Plutarco Elías Calles (1924-1928). Su labor como asesor del secretario de Hacienda dieron como resultado la fundación del Banco de México en 1925, pero su más importante acto político fue la creación del partido Acción Nacional que como bien González Schmal lo referencia en una cita de Krauze:


El proyecto político de Gómez Morin, a fin de cuentas –comenta Enrique Krauze– tenía el sentido último, maderista, de mover almas, del mismo modo que su proyecto técnico suponía el a priori de una acción apostólica. Por esto el Partido Acción Nacional tiene como antecedente el vasconcelismo de 1929, nace de la vieja ilusión que Gómez Morin compartía con su contradictor aparente, Vasconcelos: había que organizar primero la vida espiritual del país. (González Schmal, Raúl, “La obra jurídico-institucional de Manuel Gómez Morin”, México, Instituto de Investigaciones Jurídicas, Ilustre y Nacional Colegio de Abogados de México, 2013, pp. 708).


Entonces, ya para concluir el artículo, la creación de Partido Acción Nacional se forjo sobre una doctrina basada en el humanismo, ejemplo de ello son las siguientes citas por mostrar:


La declaración de principios que dio nacimiento a Acción Nacional no tuvo en cuenta consideración oportunista alguna; fue hecha precisamente para traspasar, con la claridad de valores superiores y permanentes, la espesa obscuridad ideológica creada en México por el olvido de la vida pública de esos valores superiores, con la sucesiva admisión de las ideologías más contradictorias según las exigencias del momento. Esa declaración de principios expresa convicciones substanciales y conceptos de la persona, de la sociedad, de la nación, del estado, del bien común, que no sólo no han sido puestos en tela de juicio por los acontecimientos de los últimos años, sino que, precisamente en virtud de esos acontecimientos, han surgido relevantemente en la conciencia internacional, como único punto de apoyo cierto y eficaz para la reordenación del mundo con justicia. Son ahora base de la nueva esperanza que en ellos ve el camino de salvación. (Manuel Gómez Morin. La Nación No. 102, p. 5, 25 de septiembre de 1943).


…nos hemos esforzado por reencender en todos los mexicanos el concepto verdadero de la política y del deber político; de la política como base y corona en el tiempo de toda actividad humana o social, como constante empeño de entendimiento y colaboración entrañables para el bien, como lucha incesante contra las fuerza y tendencias inferiores de abono y de ruina, de engaño y de violencia; no de la política como lo han hecho ser los profesionales, oportunidad de las más bajas satisfacciones, lucha feroz por el poder y sus gajes más mezquinos, complicidad y compadrazgo, duplicidad y traición. El deber político como inexcusable responsabilidad de todo hombre, como baluarte de la persona humana, de la familia y de la ciudad, de la fe y de la comunidad de cultura o de trabajo, y de la nación; como obligación de colaboración activa y sacrificada, de deliberación justa y sincera, de subordinación de egoísmos y preferencias personales a lo superior y más valioso, de indispensable acción conjunta, de libremente aceptada disciplina. (Manuel Gómez Morin. Informe a la Asamblea Nacional., México, D.F., 11 de septiembre de 1944 En: Diez años de México, pp. 144 y 145).


…la dimensión ciudadana está en la naturaleza social, comunitaria, de la persona, y sólo puede cumplirse comunitariamente, socialmente. No se realiza en la dispersión sino en la vinculación. Este, como tantas otras de las responsabilidades del hombre, obra de colaboración necesaria. Así la familia, así el lenguaje, y la Ciudad y la Patria. El gesto aislado, la acción desvinculada, aún el acto heroico, pueden ser admirables y tener valor ejemplar; pero no son la ciudadanía, que es modo permanente de ser; no capacidad potencial, sino dimensión normal; no el arrebato individual de un momento, sino es más difícil y superior heroísmo común de todos los momentos, de todos los días, de una perseverancia que vence al tiempo y que no se quebranta por la calumnia ni por el engaño. (Informe a la Convención Nacional., México, D.F., 25 de febrero de 1949 En: Diez años de México, p. 266).



Andrei Rodríguez









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