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La esclavitud del pensamiento


No puedo estar más de acuerdo con Carlos Llano Cienfuentes, cuando refiere al conocimiento como un factor que constituye la necesidad del hombre por reafirmar su esencia, en conjunto con una serie de reglas éticas que conducen al desarrollo de la cultura.


Naturalmente somos capaces de soportar cambios constantes de paradigmas en nuestra vida diaria, que acontecen en momentos inesperados. Por tanto, hemos de comprender que como personas somos objeto de dinamismos.


Nuestra libertad de pensamiento se encarga de construir el ideario que favorece nuestra vida cotidiana; nuestra libertad de pensar se adjudica entonces a nuestras convicciones, capaces de satisfacer en todo momento el sueño anhelado de encontrar libertad y justicia, en un mundo cambiante bajo coyunturas que entrelazan ideales absurdos, vacíos, deshumanizantes, que vulneran a la persona y la convierten en presa fácil de progresistas, de ideas comunistas y de conformismo barato y popular.


Es entonces, que considero apremiante la oportunidad de tener espacios de formación, donde se nos conduce al lado correcto de pensar, pero para saber pensar hace falta una buena educación -que se origina en la familia- y se vincula con la formación académica. Por tanto, es necesario devolver a las escuelas los saberes de antaño, saberes y conocimientos que forman la mente del estudiante, donde éste toma el papel principal del proceso y se convierte en aquel diamante pulido.


Saber pensar constituye el sentido talante de nuestro ser, y así entonces se logra la instrucción pedagógica elemental que abre paso a la formación del hombre, de su constitución como ser ontológico y propiamente multidimensional. Es así, que la formación del saber pensar no equivale al adoctrinamiento, puesto que se exalta la idea del hombre libre, no así del hombre sumiso.


Hoy en día el hombre vive de pensamientos, no así piensa para vivir, y es que derivado de la era globalizada que nos han vendido como la panacea de cualquier problema humano, el sentido común se ha desvanecido, cayendo en el absurdo que incita a esconder la razón y abrir paso al subjetivismo radical, donde nada es nada y todo es nada.


Por tanto, la esclavitud que se perpetua por el uso de pantallas oscuras, no satisface esa búsqueda de trascendencia humana, por el contrario, vulnera nuestro desarrollo cognitivo al grado de elevar al grado de SÚPER a los idiotas de siempre.


Finalmente, la crítica no sólo va en el sentido conservador de mi pensar, sino en la ausencia de belleza en los escenarios que nos presentan diariamente, como si fueran dignos de aplaudir. Vivir entonces de nuestro conocimiento se debe constituir como un pilar de la vida, donde la razón reaparece y ofrece la constante búsqueda de la verdad, donde la ciencia es ciencia; donde la fe nos lleva a Dios y nos volvemos seres reales. ¿Somos esclavos de nuestros pensamientos o vivimos para pensar de forma libre?


#EsCuestiónDeEducación y lo será siempre.

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