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Educar para ser libres

Actualizado: 23 ago 2022


Se dice que a pesar de las adversidades, el hombre lucha todos los días por encontrarse a sí mismo, en un sentido de otorgamiento de identidad y personalidad.


La libertad del ser humano es un principio fundamental para el desarrollo del mundo, en lo general, y del individuo, visto como un ente multidimensional. Por tanto, nuestra lucha más grande no debe ser el ideal perdido de una causa sino el fundamento de nuestra vida, que integra una lista muy larga de valores que brindan una cosmovisión aún más amplia.


Es entonces, que hablar de la libertad de la persona conlleva a generar un análisis antropológico, que fácilmente -y de forma obligatoria, me atrevo a decir- debería integrarse en cualquier sistema y modelo educativo, como adición al principio pedagógico de centrar al estudiante en el proceso de enseñanza aprendizaje.


Por tanto, el ideal debe ser formar a las próximas generaciones desde una visión cristiana de la vida, donde los valores y virtudes del ser humano se muestran como la ruta de vida que trae consigo plenitud y libertad, con un sentido racional y humano, pero igualmente satisfaciendo el 'ser' del individuo. Es así, que la causa justa de la buena praxis pedagógica radica ahí, en la constante búsqueda de acción por el otro, donde la filosofía de obrar y caridad sea perfectamente posible y realizable.


¿Cuál es entonces la educación verdadera que permite al ser humano ser libre? Una educación que se ajusta a cada estudiante, puede ser, pero igualmente una educación que constituye el sentido integral para la vida, donde las enseñanzas y saberes colectivos e individuales ayudan a interpretar el mundo y a trabajar por mejorar aquellos aspectos que dañan a la dignidad de la persona humana, y en segundo plano, a la sociedad misma.


Podemos decir mucho sobre el actuar de la persona, pero igualmente hay mucho que decir y hacer sobre el sistema educativo, no sólo de México, sino del mundo. Como bien sabemos, el sentido utilitarista de la formación que por más de cien años hemos recibido, nos ha funcionado para industrializar todo, para hacer sujetos y no personas, para construir un mundo interconectado pero sin empatía.


Es absurdo pensar que los grandes males del hombre corresponden a una conexión digital, y no a la ausencia de una práctica formativa adecuada en las escuelas, iniciando por la educación primaria e inicial, donde el individuo conforma su etapa de desarrollo más activa.


Finalmente, la educación que nos hará libres se va a integrar por todos, hombres y mujeres que defiendan la verdad, y que crean en ella, sin fundamentalismos abstractos o acciones subjetivas; el relativismo colectivo es uno de los peores cánceres de la pedagogía bien entendida porque engaña y miente a la razón y a la ciencia. ¿Permitiremos que nos nieguen nuestra propia libertad?


#EsCuestiónDeEducación y lo será siempre.

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