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Carta al Ministro Presidente Arturo Zaldívar:


Estimado ministro presidente Arturo Zaldívar:


Vivimos en uno de los sexenios más inseguros de la historia. Todos los días corre peligro la vida de mujeres y hombres mexicanos. Cerramos octubre como el mes en el que más homicidios dolosos se cometieron, 79 por día según las noticias. Corrupción en los gobiernos e instituciones, impunidad por parte de las autoridades y miles y miles de personas a las que no se les hace justicia. Además, varios asuntos -de gran interés nacional- como los relacionados a la Guardia Nacional, detenidos en las oficinas que usted preside.


La Suprema Corte de Justicia de la Nación es el máximo tribunal constitucional del país y cabeza del Poder Judicial de la Federación. Entre sus múltiples responsabilidades se encuentra el defender el orden establecido por la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos; mantener el equilibrio entre los distintos poderes de gobierno, además de solucionar asuntos que son de gran importancia para la sociedad. Toda vez que la Suprema Corte imparte justicia en el más alto nivel, es decir, el constitucional, no existe en México autoridad que se encuentre por encima de ella o recurso legal que pueda ejercerse en contra de sus resoluciones.


Por otro lado, dentro de las facultades que la Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación le confiere a usted, como presidente de la SCJN, están las de representar a la Suprema Corte de Justicia y llevar su administración, tramitar los asuntos de la competencia del Pleno, dictar las medidas necesarias para el buen servicio y disciplina en las oficinas de la Suprema Corte de Justicia, entre muchas más.


Si cualquier mexicano decide profundizar en el tema, conocer y analizar las facultades, tanto de la SCJN como las de usted, podrá darse cuenta que en ninguna ley, normatividad, documento o página web, encontrará las de ser activista de la ideología de género, del movimiento feminista y del movimiento pro aborto.


Usted en múltiples ocasiones se ha considerado un defensor de los derechos humanos, lo que nos hace pensar que, por sentido común, defiende los derechos establecidos en la Constitución Política de nuestro país y en los tratados internacionales, mismos que -cabe recalcar- son absolutamente iguales para todos los mexicanos.


En los últimos meses, ha encabezado una tremenda campaña como activista de la ideología de género, promoviendo el aborto, la eutanasia, las infancias trans y el lenguaje incluyente, entre otras más. En este mismo sentido, ha buscado “empatizar” con la juventud mexicana a través de sus redes sociales, haciendo uso especial y por primera vez, como usted mismo lo presume, de tiktok, hablando con lenguaje inclusivo o haciéndose pasar por un destacado fan de la cantante estadounidense Taylor Swift.


Sin embargo, en México somos miles y miles de jóvenes los que no formamos parte de esta agenda que usted promueve, somos bastantes los que sí nos ocupamos de la vida de todo ser humano, desde los no nacidos hasta la de nuestros abuelos, defendemos la dignidad de la persona, luchamos para que se respeten los derechos de todos los mexicanos y buscamos que en todo momento se respete y se cumpla el estado de derecho.


Como jóvenes y como mexicanos, exigimos que la Suprema Corte se dedique exclusivamente a impartir justicia, a defender lo establecido en la Constitución Política y a resolver los asuntos relevancia para la sociedad y no a ser activistas de género y “tiktokers”.

Los jóvenes entendemos perfectamente la situación de nuestro país, no tiene que tratarnos de manera especial, ni adoptar ciertas modas por creer que -de ese modo- tiene nuestra confianza, hoy más que nunca, somos capaces de comprender todas las problemáticas de México, pero también, estamos dispuestos a exigir que las autoridades respondan a esas necesidades de manera congruente, eficaz y sin atentar contra los más vulnerables.


Y no, no es que no nos interesen los derechos humanos, al contrario, nos interesa tanto que se respeten, que defendemos la vida de los más inocente, empezando por los no nacidos. Le recordamos que el primer derecho humano es la vida y es por eso se debe respetar antes que cualquier otro derecho, de no ser así, ¿con qué cara se para frente a miles de mujeres a decirles que sus derechos son prioritarios al mismo tiempo que promueve el asesinato de niñas por nacer? Desgraciadamente, ya no es sorpresa que para los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación sea más sencillo facilitar el aborto que proteger a la mujer embarazada y condenar violadores.


Si queremos lograr un país con un verdadero estado de derecho, primero que nada, se nos debe de garantizar el derecho a la vida, tal y como lo establece la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que usted bien debe conocer y, por ende, reconocer.


Brutalizar a la sociedad es lo peor que una persona al mando del máximo órgano de impartición de justicia puede hacer. Exigimos que cumpla con sus deberes y con los principios que la propia Constitución le confiere. Exigimos el respeto de los derechos humanos y a nuestras libertades, empezando por el derecho a la vida y por la libertad religiosa que con tanto afán pretende coartar.


Querido presidente, esperamos, por el bien de todos, que el día de mañana se enfoque en impartir justicia y acabar con la impunidad que tanto daño nos hace. De no ser así, por honestidad intelectual y por respeto a México dedíquese al activismo social y presente su renuncia. México se lo agradecerá.


Y con el respeto que se merece, le recuerdo que su compromiso no es con el Poder Ejecutivo, ni con unos cuantos, su compromiso es con todos los mexicanos.


Por Roxana Aguilar Arballo

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